Los devastadores efectos de la violencia doméstica en las economías impactan cuando se empiezan a conocer los millones de dólares consumidos por los gastos que demanda en salud, policía, justicia y merma de la productividad.

Según un estudio del Banco Mundial uno de cada cinco días activos que pierden las mujeres por problemas de salud se debe a manifestaciones de la violencia doméstica.
En Canadá un informe revela que este tipo de violencia causa un gasto de unos 1.600 millones de dólares anuales, incluyendo la atención médica de las víctimas y las pérdidas de la productividad. En Estados Unidos diversos estudios determinaron pérdidas anuales de entre 10.000 millones y 67.000 millones por las mismas razones.

El Banco Interamericano de Desarrollo ha estimado que los costos de la violencia oscilan entre 1.6 y 2% del Producto Interno Bruto de los países latinoamericanos; esto significa un monto de entre 216 y 270 millones de dólares, es decir, algo más del doble de lo que hace falta para financiar planes de emergencia de los gobiernos. Sin embargo, todavía es muy limitada la información en la región sobre los devastadores costos económicos, directos e indirectos, de la violencia doméstica. Son costos directos los referidos al daño o la pérdida de vidas y a los servicios que se deben proporcionar, sean de salud, legales, de protección o de otro tipo. También hay costos indirectos, como los días de trabajo perdidos o la disminución de la productividad que tiene impacto en la economía global. Más importante son los costos denominados intangibles, que en su mayoría no son contabilizados por la dificultad que entraña su medición. Ellos son el costo de las vidas truncadas, el dolor crónico, el sufrimiento, la depresión, el miedo, el efecto en las familias de la muerte de una madre o del abandono de la escuela por los niños.

Los efectos en la propia mujer víctima de la violencia son los más inmediatamente visibles: gastos en salud, ausentismo laboral, disminución de ingresos para el grupo familiar. Pero ellos constituyen apenas la punta del iceberg frente a los costos que el problema tiene para la sociedad ya que  compromete recursos destinados a otros fines. Es decir que el costo de la violencia no es sólo psicológico ni social; la violencia cuesta también a las economías.

Estudios hechos por el BID analizan la relación entre la violencia doméstica y otras variables socioeconómicas, como la violencia social y la pobreza. Según Mayra Buvinie el nivel de violencia social determina en gran medida la capacidad de una sociedad para lograr un crecimiento económico sostenido.

:: Costos para la sociedad
Resulta prácticamente imposible someter a cuantificación los costos totales del problema debido a la información limitada de la que disponemos y la extensión de tal violencia. Un documento de Naciones Unidas señala: subyacen a tales costos calculables, los costos que supone el sufrimiento humano y que resultan difíciles de calcular. El efecto a largo plazo mas significativo y el costo en última instancia de la violencia contra la mujer es, sin embargo, la perpetración de la estructura de la sociedad, confirmada por la violencia conyugal, que hace que las mujeres sean inferiores a los hombres y subordinen a ellos en el ámbito político, económico y social.

La violencia contra la mujer suele ser un obstáculo que bloquea la participación de la mujer en proyectos de desarrollo. Algunas mujeres rehúyen la visibilidad de los cargos públicos porque se avergüenzan del maltrato que han sufrido puesto que la actitud de la sociedad de "culpar a la víctima" no crea un ambiente que les sea favorable.

Otro de los efectos a largo plazo de la violencia contra las mujeres y de la atmósfera cultural que denigra a las mujeres al avalar tal violencia es que impide que los países aprovechen el talento de las mujeres.

:: El costo de la violencia en el lugar de trabajo.
Según la OIT, los actos de violencia provocan una alteración inmediata duradera de las relaciones interpersonales, la organización del trabajo y el entorno laboral en su conjunto. En los empleadores recae el costo directo del trabajo perdido y de la necesidad de mejorar las medidas de seguridad. Entre los costos indirectos se pueden citar la menor eficiencia y productividad, la reducción de la calidad de los productos, la pérdida de prestigio de la empresa y la disminución del número de clientes.

Al respecto, vale indicar que, según una encuesta del Instituto Nacional de Seguridad en el Lugar de Trabajo de los Estados Unidos, el costo total de la violencia en el trabajo fue en este país de 4.000 millones de dólares en 1992. En Canadá, de acuerdo con datos de la Comisión de Compensación Laboral de Columbia Británica, las solicitudes de indemnización por pérdida de salario presentadas por el personal hospitalario a raíz de actos de violencia se han incrementado en 88% desde 1985. En Alemania, se ha calculado que el costo directo de la violencia psicológica en una empresa con 1.000 trabajadores se eleva a 112.000 al año, mientras que los costos indirectos son de 56.000 dólares.
(“La violencia en el lugar de trabajo: un problema mundial” Julio de 1998)

COMO REACCIONAR FRENTE A LA VIOLENCIA
 Informe de la OIT: Propone hacer frente a la violencia en forma multifacética, aplicando medidas de tipo:

  • preventivas, que tomen en consideración las raíces de la violencia y no sólo sus efectos;
  • específicas, dado que cada forma de violencia exige remedios distintos;
  • múltiples, en el sentido de que se necesita combinar diferentes tipos de respuestas;
  • inmediatas, es decir, hay que establecer con anticipación un plan de intervención inmediata para contener los efectos de la violencia, análogo a las intervenciones en caso de agresión terrorista;
  • favorables a la participación, de todas las personas directa o indirectamente afectadas, incluidos los familiares, los directivos de la empresa, los colegas y las propias víctimas;
  • a largo plazo, habida cuenta de que las consecuencias de la violencia también se manifiestan a largo plazo y que, por ende, las medidas coyunturales no bastan.

Según la OIT, se va afirmando la idea de que para actuar contra la violencia se necesitan enfoques globales. En lugar de buscar una única solución aplicable a cada problema y situación, deberían analizarse todos los factores generadores de violencia y explorarse estrategias variadas. Las acciones contra la violencia en el lugar de trabajo suelen ser restringidas, circunstanciales y mal definidas.
(“La violencia en el lugar de trabajo: un problema mundial” Julio de 1998)

Informe de Amnistía Internacional
Según denunció Amnistía Internacional (A.I.) en un informe presentado en París con el título: "Esas mujeres que son destruidas. Cuerpos quebrados, mentes destrozadas"; en 2001, veinte de cada cien mujeres en el mundo son torturadas cotidianamente.

Las mujeres presas en las cárceles de EE.UU. sufren abusos y torturas, y dos de cada tres han denunciado violaciones sexuales. La frecuencia y extensión de los abusos "deben ser un llamado de alerta para cualquiera que crea que en este país no se tortura y maltrata a las mujeres", afirmó el director ejecutivo de A.I en EE.UU., William Schulz, en rueda de prensa.

Hay cuatro estados, Arizona, California, Delaware y Nevada, donde las presas pueden ser acusadas si tienen relaciones sexuales con un carcelero, por lo cual las víctimas no denuncian los abusos que sufren, según el estudio.

A nivel global, la tortura está "enraizada en una cultura que rehúsa a las mujeres la igualdad de derechos con los hombres y trata de legitimar la violencia contra ellas".

Amnistía cita numerosos testimonios de mujeres y muchachas golpeadas y violadas y agrega que "los torturadores son a veces agentes del Estado o miembros de grupos armados". Sin embargo, "más a menudo son miembros de sus familias o de sus comunidades o incluso sus patrones", agrega el documento.

Las mujeres son golpeadas y violadas por esposos y novios en todos los países; muchas sufren violencia tras ser vendidas por su trabajo, intercambiadas para el matrimonio o forzadas a integrar redes de tráfico humano.

A.I presenta el testimonio de la congolesa "K", esposa de un oficial de ese país, que "la torturaba regularmente a menudo ante sus propios hijos". La mujer pidió asilo en Estados Unidos y explicó que habría sido inútil dirigirse a la policía.

Apoyándose en estadísticas del Banco Mundial, Amnistía subraya que 20% de las mujeres del mundo son, o han sido, víctimas de violencias físicas o agresiones sexuales. En la India esta proporción pasa a 40% y en Egipto a 35%.

Otro marco es el de los "crímenes de honor" perpetrados por familiares o miembros de su comunidad que las acusan de avergonzar a sus familias con presuntas acciones sexuales impropias. Este maltrato llega incluso hasta la muerte en numerosos países.

El informe de la asociación humanitaria propone una serie de recomendaciones a los gobiernos. Llama, principalmente, a condenar públicamente las violencias, a prohibirlas mediante legislación, a abrir investigaciones a partir de cada denuncia de violencias y a procesar y castigar a los autores de las brutalidades.
(Fuente: Diario Clarín, 7/03/2001)