Las Mujeres y el Poder
Si se define el poder como la capacidad de decisión para realizar acciones o hacer que otras personas las cumplan, es decir, la capacidad de llevar adelante proyectos y planes en relación a los demás, es evidente que aún las mujeres no alcanzaron este lugar en la sociedad y continúan relegadas de la toma de decisiones. Sigue vigente el mito del aparente desinterés de las mujeres por el poder público: el paradigma femenino del poder sería el poder "oculto", un poder ejercido entre bambalinas para lograr que los varones satisfagan sus deseos. Este mito es un instrumento para mantener a las mujeres en el lugar de sometimiento. La política aparece como asunto de hombre fuerte, activo, emprendedor mientras que a la mujer la siguen caracterizando por las virtudes de la indefensión: la fragilidad, la ternura, la sensibilidad.
El problema reside en cómo accede la mujer al espacio público. El aparente desinterés de las mujeres por la política no explica la ausencia de ellas en lugares de decisión. La caracterización de la política como una esfera masculina es la principal barrera para la incorporación de las mujeres a sus actividades y organizaciones. Para entender la especificidad de la participación política femenina hay que partir de la división sexual del trabajo y sus consecuencias al delimitar un ámbito público propio de los varones y un mundo privado femenino.
La división entre lo privado y lo público articula las sociedades jerarquizando los espacios: el espacio que se adjudica al varón y el que se adjudica a la mujer. Cuando una actividad se valora, se hace pública, tiende a masculinizarse y a hacerse reconocer. Y esto está relacionado con el poder. El poder tiene que ser repartido, debe constituir un pacto, una red en la que se distribuyen espacios de poder entre individualidades. El espacio público es el espacio de los sujetos del contrato social, el espacio de los iguales. En cambio, el espacio privado es el espacio de la indiscernibilidad.
Las mujeres tienen derecho a su parcela de poder y esto ya es revolucionario sin tener que asegurar a nadie que son la esencia de la paz o que son más buenas. La filósofa española Amelia Valcárcel se refiere a esto como el "derecho al mal" y es una propuesta muy provocativa contra los discursos moralizadores. Cuando se asocia el poder a la corrupción, la mujer aparece en este discurso como la no corrompida, entonces, por qué ensuciarse. Celia Amorós reconoce la corrupción del poder pero esto no se elude con la no participación, con el no poder, sino que con la ocupación del espacio público como ciudadanas: "Reivindicar para la mujer la capacidad de pacto es lo más revolucionario que se puede reivindicar, porque la mujer siempre ha sido el objeto en el pacto patriarcal entre los varones -objeto de intercambio, mediadora del guiño simbólico entre varones-. En este pacto ellos se colocan como sujetos".
Universalizar el acceso al poder transforma las relaciones de poder. Pero la democracia representativa no produce por ella misma la representación de una sociedad de individuos. La estrategia por medio de la cual los gobiernos establecen la igualdad de oportunidades se conoce con el nombre de acción positiva, y consiste en medidas que permiten contrastar o corregir aquellas discriminaciones que son resultado de prácticas o sistemas sociales. Las acciones positivas en los lugares de decisión permiten avanzar hacia esa universalidad.
La doctrina de la igualdad formal no puede garantizar la igualdad real, dado que la realidad nos demuestra que las personas no están similarmente situadas. Las acciones positivas se basan en reconocer que, algunas veces, resulta necesario proveer a determinados grupos con instrumentos desiguales a los efectos de garantizar una igualdad real de oportunidades y de trato. Esto es especialmente relevante a los efectos de evaluar la legitimidad del sistema de cupos para mujeres en un contexto donde la discriminación de género y la jerarquía social son norma. A los efectos de erradicar desigualdades socialmente causadas, puede ser necesaria la adopción de programas reparadores para los grupos discriminados o en desventaja.
Marcela Rodríguez explica la justificación de las acciones positivas según distinto tipo de fundamentos: justicia compensatoria, justicia distributiva y utilidad social. Según la justicia compensatoria, las injurias pasadas originan un derecho a la reparación para quienes la han sufrido para restablecer la situación de igualdad que existía o que debía haber existido. Para la justicia distributiva, un individuo está autorizado a recibir los beneficios de un programa de acción positiva no porque la sociedad reconozca injusticias pasadas sino porque merece una porción mayor de los recursos de la comunidad. Por último, el sistema de cuotas proporciona un mayor grado de utilidad social, es decir, maximiza el bienestar de la sociedad en su conjunto en la medida que más intereses son representados. En conclusión, para Rodríguez "el sistema de cuotas en los partidos políticos es un mecanismo por el cual la sociedad podría cumplir su obligación de proveer de los instrumentos adecuados para que las mujeres puedan acceder al proceso político en una real condición de igualdad".
En los partidos políticos se da una división sexual entre militancia y toma de decisiones, es decir, que si bien las mujeres se integraron a la política no por ello lograron compartir el poder, debido a factores inherentes al funcionamiento de las instituciones. Aún sigue vigente una cultura política, un código de conducta masculino en los partidos políticos, que discrimina a las mujeres: horarios incompatibles con la vida familiar, mecanismos de competencia, agresividad, prejuicios, todos factores que las llevan a ocupar un lugar marginal desde el cual sólo se les delega la realización de tareas asistenciales, de tipo inmediato y cotidiano, y se las excluye de la planificación a largo plazo y de la negociación.
Para que las mujeres accedan al poder político no basta con la militancia sino que hay que acceder a "un savoir fair político", a un "know how", formado por conocimientos, aptitudes, habilidades, actitudes y prácticas de liderazgo político que podrían facilitar el acceso a espacios de conducción política, de los cuales tradicionalmente las mujeres han estado apartadas.
Suele plantearse un dilema entre un hacer política diferente de las mujeres frente a las exigencias reales del poder y por ende, se escucha con frecuencia que las mujeres se alejan de los partidos porque no soportan la tensión. Este es uno de los mayores conflictos por los que pasan las mujeres que buscan la participación política: asumir que los masculinos espacios de poder no son para las mujeres o masculinizarse para llegar a ellos.
Pero el cambio de situación que permita a las mujeres participar en los niveles de decisión no se relaciona ni con su participación cuantitativa ni con sus esfuerzos realizados en los partidos políticos. Su marginación es la consecuencia de la vigencia de una concepción hegemónica a partir de la cual las mujeres y sus modalidades participativas, que difieren de los estándares dominantes, son desvalorizados. El incremento de su poder como grupo dependerá de su capacidad para desarrollar pactos y alianzas entre sí, del reconocimiento y aceptación de sus diferencias y de sus posibilidades de transformar su accionar político en hechos políticos.
Si bien la cantidad no garantiza el salto a la calidad, una minoría numerosa puede constituir una masa crítica importante que fortalezca la exigencia de ampliación de la presencia femenina en las instituciones políticas. Tratar iguales a desiguales no genera igualdad sino que ahonda las diferencias por eso es necesaria la discriminación positiva.
"Las mujeres cambian la política, no a causa de su sexo biológico, sino a causa de una larga historia, la de la reproducción. Quieren trabajar. Pero también quieren hijos: a escala de la historia, el control de las mujeres sobre su fecundidad aparecerá sin duda como una de las mayores rupturas. Los varones se resisten, en todo caso en el medio político, a la intrusión de las mujeres, si no es en dosis pequeñas. Ellas no hacen sino perturbar la cultura del club, en la cual las picardías se tornan indecentes. Traen consigo cuestiones molestas", concluyen Bataille y Gaspard.
Entonces, ¿qué significa ser diputada mujer, gobernadora mujer? No significa hablar en nombre de las mujeres, que son muchas y como tales no pueden ser representadas, sino hacer visible la diferencia sexual, pero no una diferencia que tome a lo masculino como referente positivo, sino desde las mismas mujeres. "Descubrirnos carentes de valor social es el primer paso para empezar a construirnos como seres valiosos: hay que pasar de la conciencia de la debilidad a la fuerza social", dice Marta Lamas.
Campaña 50/50 - ISPM
2005 - 2008: Por el equilibrio en la representación mundial
Declaración de la Campaña
En 1995 durante la Cuarta Conferencia sobre la Mujer, 189 gobiernos se comprometieron a "tomar medidas para asegurar el acceso igualitario de todas las mujeres y su plena participación en las estructuras de poder y de toma de decisión" y a "incrementar las posibilidades de las mujeres para participar en la toma de decisiones y el liderazgo". Para lograr estos objetivos estratégicos, la principal acción que ellos se comprometieron a realizar fue la de "llegar a la meta del equilibrio de género en los cuerpos gubernamentales y en los comités así como en las entidades de la administración pública y en el sistema jurídico, incluyendo fijar objetivos específicos e implementar medidas que incrementen sustancialmente el número de mujeres en puestos de toma de decisión, con miras de obtener igual representación entre varones y mujeres, y de ser necesario, por medio de acciones positivas, en todas las posiciones del gobierno y de la administración pública".
Cinco años después, las mujeres siguen enfrentando la casi total falta de representación en las posiciones más altas de la estructura de toma de decisión del gobierno, del sector privado, del Poder Judicial, de los medios de comunicación y de las instituciones académicas. Organizaciones regionales e internacionales incluyendo el sistema de las Naciones Unidas han tenido un fracaso similar en el logro del equilibrio de género. Las instituciones de Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial tienen pocas mujeres ocupando lugares importantes dentro de sus estructuras de toma de decisión y las mujeres continúan reuniendo información y movilizándose contra las consecuencias negativas que las políticas de dichos organismos tienen en las mujeres y las niñas/os de los países en vías de desarrollo.
En 1995, las mujeres ocupaban solo el 10% del total de los lugares de poder. Hoy, las mujeres son apenas el 12.7% del total de las personas que conforman los parlamentos según información recopilada por la Unión Inter-Parlamentaria Mundial, lo cual significa un aumento anual de 0.5%.A pesar de que las mujeres tienen mayores oportunidades de ser elegidas a nivel local, que es donde ellas empiezan sus carreras políticas antes de avanzar hacia la política nacional, solo unos cuantos cuerpos legislativos locales han alcanzado un porcentaje del 30% de mujeres. Entre dichos países se encuentra la India, donde por disposiciones legales, una tercera parte de sus parlamentarios/as debe estar integrada por mujeres y Nambia, donde las mujeres cuentan con el 42% de las posiciones de representación local. El porcentaje de mujeres a cargo de Secretarías es del 14% y se encuentran concentradas principalmente en áreas sociales. Aquellas que ocupan posiciones en el área legal (9.4%), política, o ejecutiva (menos del 5%) continúan siendo demasiado escasas.
Como primer paso para alcanzar el equilibrio entre varones y mujeres en las posiciones de toma de decisión, esta campaña exige a los gobiernos que trabajen para alcanzar "que se establezca una cuota mínima del 30% del total de los lugares para las mujeres en los cuerpos legislativos, gabinetes ejecutivos y secretarías así como en las autoridades locales para el año 2003 y una representación igualitaria entre varones y mujeres para el 2005". Esto se encuentra resumido en nuestro slogan "50 - 50, Por el equilibrio en la representación”
Barreras de corte estructural y cultural impiden la participación total e igualitaria de las mujeres en los procesos de toma de decisión. Los estereotipos de género y las actitudes discriminatorias son un serio obstáculo para la participación política de las mujeres. De igual forma, el tipo de sistema electoral y las leyes respecto al financiamiento de campañas limita las oportunidades políticas de las mujeres. Para resolver esto, la Plataforma de Acción de Beijing hace un llamado a los gobiernos para "revisar las diferencias y el impacto de los sistemas electorales en la representación política de las mujeres en los puestos de elección y a considerar, donde sea apropiado, el ajuste o reforma de dichos sistemas".También alienta a los partidos políticos a "integrar mujeres en todos los espacios, incluyendo posiciones de elección pública, en la misma proporción y en los mismos niveles que los varones".La revisión a cinco años de la Plataforma de Acción muestra que los países que han aplicado los sistemas de cuotas en los espacios de toma de decisión, incluyendo las instancias gubernamentales, los parlamentos nacionales, y los partidos políticos han experimentado un incremento significativo en la representación de las mujeres. Esto se aplica no solo a Europa sino también a Latinoamérica, África y Asia. En Europa Occidental, países que tienen mayor cantidad de mujeres en el Parlamento tienen partidos políticos que han introducido las cuotas: Suecia (42.7%), Dinamarca (37.4%), y Noruega (36.4%). De acuerdo al número de mujeres representadas en el Parlamento, Sudáfrica pasó del lugar 141 en 1994 al lugar número 8 en 1999 según información obtenida por la Unión Inter- Parlamentaria Mundial.
Reconocemos que los números son necesarios pero no son la única condición para que las mujeres accedan a la participación igualitaria, activa e informada en la toma de decisiones de corte económico, político o social. Sin embargo, hay evidencias de que cuando números significativos de mujeres se insertan en los espacios de toma de decisión, temas como el cuidado los y las niñas, la violencia contra las mujeres, el trabajo no remunerado, se convierten en temas prioritarios para quienes formulan las políticas. En Noruega, las mujeres que forman parte del Parlamento impulsaron "políticas asistenciales" demandando al Estado el incremento de los servicios gubernamentales para la atención de los y las niñas. Extendieron el periodo de atención después del nacimiento de hijas/os, introdujeron opciones más flexibles para los horarios de trabajo y aumentaron los derechos de la pensión por trabajo no remunerado. En Sudáfrica, por medio de los esfuerzos de las parlamentarias se introdujo el "presupuesto de las mujeres" para analizar y ver que en el presupuesto de los gobiernos se había insertado la perspectiva de género y se habían asignado recursos para la atención de las necesidades de las mujeres.
Nos unimos a grupos de mujeres alrededor del mundo declarando nuestro compromiso por el "50 - 50, Por un equilibrio en la representación.” Será solo cuando un gran grupo de mujeres, en toda su diversidad y en cada país del mundo ocupen posiciones de toma de decisión en todos los niveles, incluyendo el internacional, cuando los temas con perspectiva de género sean incluidos en la agenda política y así los objetivos de igualdad, paz y derechos humanos para todos y todas puedan alcanzarse en el siglo 21.
|