En muchos países las mujeres son víctimas de prácticas tradicionales que violan sus derechos humanos. La mayor parte de esas costumbres nocivas física y psicológicamente están profundamente arraigadas en la tradición y cultura de la sociedad.

El informe “Female Genital Mutilation/Cutting” publicado en 2005 por UNICEF estima que más de 130 millones de mujeres y niñas en el planeta sufren mutilaciones sexuales, considerando la actual tasa de nacimientos, que cada año aproximadamente dos millones de niñas corren el riesgo de padecer algún tipo de mutilación genital femenina, que consiste en la extirpación total o parcial de los órganos genitales externos. La mayor parte vive en África y en Asia, sin embargo cada vez se encuentran más en esta situación entre las familias de inmigrantes y refugiados en Europa Occidental y América del Norte.

Los motivos por los que se practica la ablación son múltiples:
:: Sexuales: a fin de controlar o mitigar la sexualidad femenina.
:: Sociológicos: se practica, por ejemplo, como rito de iniciación de las niñas a la edad adulta o en aras de la integración social y el mantenimiento de la cohesión social.
:: De higiene y estéticos: porque se cree que los genitales femeninos son sucios y antiestéticos.
:: De salud: porque se cree que aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro.
:: Religiosos: debido a la creencia errónea de que la ablación genital femenina es un precepto religioso. La ablación se practica principalmente a niñas y adolescentes de entre 4 y 14 años. No obstante, en algunos países la ablación genital femenina se practica a niñas menores de 1 año, como por ejemplo, en Eritrea y Malí, donde la práctica afecta, respectivamente, a un 44 y un 29% de estas niñas.

Las personas que practican la ablación genital femenina son generalmente comadronas tradicionales o parteras profesionales. La ablación es un servicio muy valorado y muy bien remunerado económicamente, por lo que es fácil inferir que el prestigio en la comunidad y los ingresos de estas personas puedan estar directamente ligados a la práctica efectiva de la intervención.

Es una práctica discriminatoria que vulnera el derecho a la igualdad de oportunidades, a la salud, a la lucha contra la violencia, el daño, el maltrato, la tortura y el trato cruel, inhumano y degradante; el derecho a la protección frente a prácticas tradicionales peligrosas y el derecho a decidir acerca de la propia reproducción.

La mutilación genital femenina puede acarrear la muerte por colapso hemorrágico o por colapso neurogénico debido al intenso dolor y el traumatismo, así como infecciones agudas y septicemia. Muchas niñas entran en un estado de colapso inducido por el intenso dolor, el trauma psicológico y el agotamiento a causa de los gritos.

Otros efectos pueden ser una mala cicatrización; la formación de abscesos y quistes; un crecimiento excesivo del tejido cicatrizante; infecciones del tracto urinario; coitos dolorosos; el aumento de la susceptibilidad al contagio del VIH/SIDA, la hepatitis y otras enfermedades de la sangre; infecciones del aparato reproductor; enfermedades inflamatorias de la región pélvica; infertilidad; menstruaciones dolorosas; obstrucción crónica del tracto urinario o piedras en la vejiga; incontinencia urinaria; partos difíciles; y un incremento del riesgo de sufrir hemorragias e infecciones durante el parto.