La segregación vertical o “techo de cristal” establece límites invisibles a las posibilidades de ascenso laboral de las mujeres: si bien acceden a diversos puestos de trabajo, llegan menos a los lugares de decisión, que siguen siendo patrimonio de los varones. Su invisibilidad viene dada por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos que lo expliciten. Sin embargo, aunque invisible, su existencia es estadísticamente comprobable: hay pocas mujeres en los puestos jerárquicos de las organizaciones. Según cifras de la OIT , las mujeres solo desempeñan del 1 al 3% de los máximos cargos ejecutivos en las mayores empresas del mundo. A su vez, la inclusión de las mujeres en el trabajo formal ha provocado la segmentación horizontal , que las ubica en empleos que se suponen típicamente femeninos –servicios, docencia, cuidado de personas, trabajos administrativos- al tiempo que encuentran obstáculos para asumir ocupaciones que socialmente siguen siendo consideradas masculinas, ligadas a la producción, la ciencia y los avances de la tecnología. Esto se ve agravado por el hecho de que estas ramas de actividad son más proclives a la precarización. La gran mayoría de las mujeres se encuentran en situaciones de informalidad y precariedad laboral. |