Existe una gran preocupación por el incremento de la explotación y el turismo sexual relacionados con la pobreza, las crisis económicas y políticas y la inmigración; según el Informe del Fondo de Población de Naciones Unidas del año 2000, 4.000.000 millones de mujeres y niñas en todo el mundo están siendo víctimas de la trata y el tráfico con fines de explotación sexual.

El tema no es nuevo ya que en el siglo pasado existieron numerosas organizaciones feministas en distintos países del mundo luchando contra la antiguamente denominada "trata de blancas" y las organizaciones mafiosas que la promovían. Sin embargo en pleno siglo XXI, el problema no ha desaparecido sino que ha recrudecido ante nuevos escenarios internacionales.

Según el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños de Naciones Unidas, por trata de personas se entiende “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.”

La diferencia entre la trata y el tráfico radica en que la primera constituye un delito contra las personas; se produce sin consentimiento de las mismas o lo hacen engañadas y puede ser trasnacional o interna. En cambio, el tráfico es un delito contra el Estado, ya que violenta su soberanía; las personas que migran dan su consentimiento aunque esta sea de manera ilegal o engañosa e implica necesariamente el cruce de fronteras internacionales.

Muchas mujeres son obligadas a prostituirse por padres, maridos, novios, vecinos, etc.; o debido a difíciles condiciones económicas y sociales. Con frecuencia caen en la trampa de la prostitución a veces gracias a las agencias matrimoniales por correo que le prometen encontrar un marido o un trabajo en un país extranjero. A consecuencia de ello, a menudo se encuentran confinadas ilegalmente en prostíbulos en condiciones de esclavitud, en donde son víctimas de abusos físicos y dónde se las retiene contra su voluntad.

En la Argentina, entre el año 2002 y el 2008, hay desaparecidas un total aproximado de 1.026 mujeres por causas vinculadas a la trata y al tráfico. De ellas, 550 han desaparecido entre enero del 2007 y agosto del 2008, según datos del canal Todo Noticias. Las edades de las víctimas oscilan entre los 14 y los 17 años; en su mayoría carecen de educación y provienen de familias muy vulnerables. Nuestro país es considerado a nivel internacional país de destino para mujeres y niñ@s víctimas de trata con fines de explotación sexual y laboral.

Esta problemática ganó visibilidad pública en Argentina a partir del caso de Marita Verón, una joven secuestrada en Tucumán en 2002 y cuya causa judicial está en manos de la Corte Suprema de Justicia a la espera de una decisión que impida que quede impune una red de trata. Su madre, Susana Trimarco, se ha convertido en un emblema de la lucha contra este flagelo y en una audaz denunciante de las redes de trata de mujeres existentes en toda la Argentina.

Este fenómeno compromete todo el territorio argentino y hay personas y organizaciones que específicamente se dedican a la venta de mujeres. Por una mujer se paga entre $100 y $5.000, dependiendo de la zona, la edad y las características de la “mercadería”. La práctica más común de captación es el engaño, pero también está extendido el secuestro, particularmente en el noroeste del país. Misiones fue identificada como el área principal de reclutamiento. Las provincias de destino son Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, Entre Ríos, Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego. De Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos provienen los proxenetas más importantes que operan en las redes de trata, algunos de los cuales regentean hasta 30 mujeres que alquilan a distintas whiskerías del país y las van rotando. (Ver “El infierno de ser una mujer y tener precio”; Mariana Carbajal; Página/12; 2/01/07).

Los/as tratantes o reclutadores/as son quienes eligen a las víctimas, las secuestran o engañan, organizan su traslado, las acogen cuando llegan a destino, las amenazan, pegan u obligan a “trabajar”. No existe un perfil específico del/la tratante, pero se sabe que por lo general realizan un trabajo de preselección de las posibles víctimas. Luego entran en acción los/as proxenetas y/o los/as regentes de prostíbulos. Todos estos inevitablemente recurren a la protección de funcionarios públicos y de miembros de las fuerzas de seguridad para llevar a cabo su cometido, según el Estudio exploratorio sobre trata de personas con fines de explotación sexual en Argentina, Chile y Uruguay. (OIM; Diciembre 2006)
Mecanismos que utilizan los tratantes para controlar a víctimas:

  1. Amenaza y/o uso de violencia psicológica, física y sexual: humillaciones, maltrato verbal, golpes y/o violaciones por parte de los explotadores;
  2. Amenaza de represalias indirectas y/o directas a seres queridos y cercanos;
  3. Decomiso o retención de documentos;
  4. Presión o chantaje;
  5. Aislamiento social.

(Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala; 2007)

Cada año, entre 600 mil y 800 mil personas son víctimas de trata en todo el mundo; aproximadamente 80% son mujeres y niñas, y hasta un 50% de ellas son menores de edad, indica un informe publicado por el Servicios de Vigilancia y Lucha contra la Trata de Seres Humanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos.


Los incentivos económicos que mueve la industria

La OIM en su “Estudio exploratorio sobre Trata de personas con fines de explotación sexual en Argentina, Uruguay y Chile” del 2006,  asegura que la trata de personas genera réditos económicos estimados en 32 mil millones de dólares, de los cuales más del 85% proviene del comercio sexual. Varios informes dan cuenta del movimiento económico que subyace bajo el comercio sexual, el tercero del mundo luego del tráfico de armas y el crimen organizado.

Mientras que muchos estudios insisten hoy en destacar las trágicas historias individuales de las prostitutas y en especial de las mujeres y niños/as engañados u obligados a entrar a ese mundo, el estudio de la OIT subraya que muchas de las personas que trabajan en este sector entraron en él por razones prácticas y con cierta conciencia de lo que implicaba, en líneas generales, la "elección" que estaban haciendo.

Lo cierto es que, a pesar del estigma social y de los peligros que conlleva, el trabajo sexual suele estar mejor retribuido que la mayoría de las otras opciones de trabajo asequibles para unas mujeres jóvenes y, a menudo, sin educación. En los cuatro países estudiados, proporcionaba ingresos significativamente mayores que las demás formas de trabajo no calificado.

En muchos casos, ese trabajo sexual es la única alternativa viable para que las mujeres de comunidades en donde faltan casi por completo programas de desarrollo del bienestar social hagan frente a la pobreza, el desempleo, y las obligaciones familiares. Para las madres solteras representa a menudo una opción más flexible, remuneradora y menos exigente en cuanto al tiempo de trabajo en una fábrica o en el sector de servicios.

Las encuestas hechas en los establecimientos del sector revelaron que, si bien una proporción significativa de trabajadoras implicadas en él, afirmaban que desearían cambiar de ocupación si pudieran, muchas expresaban su preocupación por la eventual pérdida de ingresos a que se arriesgarían si lo hicieran.

El 34% de las mujeres que trabajan en casas de masajes filipinos justificaron su elección de aquel trabajo como necesario para el mantenimiento de unos padres que vivían en la pobreza, el 8% para ayudar a sus hermanos, y el 28% para ayudar a sus maridos o pareja. Más del 20% reconocían que era un trabajo bien pagado, pero sólo el 2% lo veían fácil, y otro 2% decían que les agradaba hacerlo. Más de un tercio informaron haber sido sometidas a violencia o acoso, por la policía comúnmente, pero también por empleados municipales y por individuos integrados en bandas de delincuentes.

Una encuesta entre las trabajadoras de casas de masajes y burdeles tailandeses reveló que "la mayoría de las mujeres entraban en la industria del sexo por razones económicas". Las trabajadoras de los burdeles eran más proclives a afirmar que se habían dedicado a la prostitución para mantener a sus hijos, mientras que entre las masajistas se repetía más como motivación la oportunidad de obtener ingresos elevados para ayudar a sus padres. Casi todas las entrevistadas afirmaron que conocían el tipo de trabajo a que se iban a dedicar antes de elegirlo. Casi a mitad de las trabajadoras de los burdeles y la cuarta parte de las masajistas habían trabajado anteriormente en la agricultura. Otro 17% de las masajistas dijeron haber estado ocupadas antes en el hogar o industrias domésticas, y un 11% habían sido empleadas de hogar.


Niños y Niñas victimas de la prostitución
La OIT subraya que, si bien l@s adult@s pueden “elegir” como ocupación el trabajo sexual, los niños y las niñas son siempre y en todo caso víctimas de la prostitución. "La prostitución infantil se diferencia de la de los adultos, y debería ser considerada un problema mucho más grave que ésta". L@s niñ@s son "claramente mucho más vulnerables y están indefens@s contra las estructuras montadas y los intereses implicados en el sector del sexo, por lo que es mucho más probable que sean víctimas del trabajo forzoso para redimir deudas, objeto de tráfico, violencia física o tortura. La explotación comercial de su sexualidad es una forma de violencia tan grave contra la infancia, que amenaza la vida del niño y le deja para siempre una serie de secuelas".

En la región el drama tiene dos caras: tráfico interno y externo. El primero afecta principalmente a niñas entre los 6 y los 18 años que engañadas son trasladadas de una a otra zona y obligadas por los traficantes a ejercer la prostitución, en condiciones de esclavitud.

Destinado a cubrir una demanda más amplia, el tráfico internacional funciona a través de redes europeas y afecta principalmente a adolescentes, pues las trabas legales para trasladar menores de un país a otro dificultan, aunque no impiden, su explotación intercontinental.

Durante los años 70’, las principales áreas de reclutamiento fueron Colombia, Brasil y la República Dominicana, pero hoy las redes se han extendido a Venezuela y Uruguay, mientras Surinam y las Antillas son usados como lugares de tránsito.

En países como Chile y Argentina el problema, aparentemente, es menos grave. Pero la gran mayoría de las niñas que venden flores de noche en bares y restaurantes cae en poder de redes muy ocultas de tráfico y prostitución.

Mientras las redes de explotación ven prosperar su negocio y extender su poder, es difícil para los gobiernos dar defensa, asesoría o protección a las víctimas. Y existen pocas entidades oficiales que estimulen procesos judiciales en contra de los traficantes o que vigilen el cumplimiento de los acuerdos internacionales.

Asumiendo ese vacío, algunas organizaciones han aunado esfuerzos y hace cuatro años crearon una red contra la explotación de mujeres y niñas, integrada por representantes de Chile, Puerto Rico, Venezuela, Colombia y Brasil, país con la tasa más alta de prostitución infantil de la región y centro de operaciones de redes internacionales. Para debatir, visibilizar y buscar propuestas que contribuyan a la erradicación de este problema, realizaron el encuentro Consulta de las Américas en el que concluyeron en la necesidad de acciones urgentes para desarrollar políticas que garanticen la prevención y erradicación de todas las formas de explotación y violencia sexual contra las niñas.

(Garín Guzmán, Nancy. “A esta hora exactamente hay una niña más en la calle”; María, María. Campaña de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos de las Mujeres y las Niñas, contra la Violencia. Chile. 1998)

Prostitución y feminización de las migraciones.
De forma significativa los estudios por países que venimos citando apenas encontraron mujeres, por no decir que no hallaron ninguna, que estuvieran trabajando como prostitutas en las poblaciones o aldeas en que habían crecido. Las prostitutas, en efecto, son reclutadas para las ciudades de las zonas rurales, de pequeñas poblaciones o de entre las jóvenes, que recién llegadas a las áreas urbanas en busca de su primer trabajo, son más vulnerables y susceptibles de ser atraídas al sector del sexo.

El informe de la OIT cita también la existencia de pruebas que sugieren que ha habido un aumento del tráfico internacional de mujeres y niños para el sector del sexo. Organizaciones clandestinas que dirigen con "implacable eficacia", y a menudo con conexiones oficiales, redes para reclutar, transportar y vender mujeres y niños fuera de las fronteras nacionales.
El informe identifica la feminización de la migración laboral como uno de los principales factores que alimentan el crecimiento del sector del sexo. Dice que alrededor de un 80% de las trabajadoras asiáticas que inmigraron legalmente en el Japón en los años noventa eran "artistas de variedades", eufemismo común para designar a las prostitutas. La mayoría de ellas proceden de Filipinas y de Tailandia. Mujeres tailandesas trabajan como prostitutas por toda Asia, así como en Australia, Europa y los Estados Unidos. Los flujos de prostitutas que recorren a las idas y venidas cotidianas de los habitantes de los suburbios de las grandes ciudades para iniciar y al concluir su jornada laboral.