Marco
teórico
Parece ser
que en los albores del universo, el enojo que provoco en Dios
el hecho de que Eva a instancias del demonio le suministrara a
Adán el fruto prohibido no solo condenó a la humanidad
a ser mortal, sino que particularmente impuso a la mujer el severo
castigo de tener que parir con dolor. Es a partir de allí,
que nace la palabra "trabajo" con la cual se designo
la dificultad a la que la mujer quedaba condenada para poder tener
un/a hijo/a (trabajo de parto). Luego, con esta palabra se llego
a designar la penosa labor de los/as siervos y los/as esclavos/as
y posteriormente la del/la trabajador/ra en general, -no mucho
más placentera que la de aquellos-. Lo cierto es que desde
el comienzo de la existencia del hombre, la mujer por uno u otro
motivo ha sufrido distintas discriminaciones que aun hoy en día,
siguen representando una marcada diferencia con el género
masculino
Según Engels (ver Bibliografía),
la primera clase social en la historia es la de la mujer, a la
que se refiere al hablar de "la derrota histórica
del sexo femenino". Su argumento consiste en proponer que
las condiciones históricas especificas permitieron a los
varones acumular riqueza productiva al tratar a las mujeres y
al producto de su trabajo como propiedad privada.
Como señala Adriana Sarramea, (ver Bibliografía)
"la construcción de diferentes clases de cuerpos -el
de la mujer, el del/la niño/a, el del/la anciano/a, el
del/la discapacitado/a- naturaliza las diferencias sociales implicando
profundas consecuencias. Es decir, ciertas relaciones sociales
y ciertas identidades se naturalizan cuando se considera que estas
relaciones están en el cuerpo o que el cuerpo es un dato
de la biología. Y una de las consecuencias es que los significados
culturales esgrimidos sobre el cuerpo legitiman las relaciones
de poder."
De hecho y como explica esta autora, la sociedad occidental ha
basado su hegemonía en la institucionalización de
mecanismos de control, tendientes a la territorialización
del "otro", entendido como aquel que no encaja dentro
de los parámetros del orden social burgués: productividad,
razón, trabajo.
El uso de términos espaciales derivados del cuerpo se ha
ido absorbiendo en el lenguaje, en el pensamiento y en una construcción
particular de la realidad. Así por ejemplo, las partes
superiores del cuerpo (cabeza, derecha, frente), han sido asociadas
con el varón. Hay muchas falacias discursivas instauradas
al respecto: "el hombre es la cabeza de la familia, el hombre
piensa, el hombre es derecho. Mientras que posiciones inferiores
como el vientre, la izquierda, la espalda, han sido asociados
con la mujer: el vientre de la madre, la mujer siente, la mujer
no va derecha por las cosas, anda por detrás y otros.
Por lo tanto al hablar de discriminación hay que considerar
la diferenciación que el genero sufre en cuanto a sus posibilidades
de desarrollo. Esto sigue ocurriendo, a pesar de los cambios que
la sociedad ha ido experimentando, en virtud de las luchas que
han tenido a las mujeres como protagonistas.
Uno de estos cambios, según Susana Torrado, -socióloga
del CONICET y especialista en demografía-, tiene que ver
con lo que la autora denomina como fenómeno de "desacralización
del matrimonio y de la reproducción". Estos procesos
sociales han derivado en el resquebrajamiento del modelo de familia
tradicional, una disminución de los índices de natalidad,
ya sea porque las parejas consensuadas prefieren no tener hijos
o porque la decisión de tenerlos se posterga.
Desde el punto de vista del genero femenino, estos cambios han
permitido acceder a una mayor independencia en sus modalidades
de vida. Cabe aclarar, sin embargo, que este fenómeno no
escapa de los parámetros de desigualdad según al
estrato social del que se trate. Es decir, este fenómeno
ha sido más fácil de advertir en los estratos sociales
altos, ya que la mujer de los sectores populares no ha visto de
por si mejorar su ya precaria situación. Así, su
vida de pobreza y generalmente a cargo de mas de un/a hijo/a,
se agrava ante la circunstancia de que sola debe esforzarse para
lograr el mínimo sustento para ella y su familia
Una de las formas en que la discriminación hacia la mujer
se expresa, es el denominado "techo de cristal", el
cual da cuenta de la existencia de un piso que demarca la diferencia
que se produce en la política de empleo con respecto a
su ingreso salarial en relación al de los varones. Significa
esto, que a pesar de que la mujer a logrado acceder a mejores
niveles educativos, en el momento de conseguir empleo sigue encontrando
mas obstáculos que el genero opuesto por lo que su inserción
laboral se ve reducida a trabajos de menor calificación.
De esta manera y aunque "la igual remuneración por
igual tarea" es un derecho de la Constitución Nacional
-Art. 14 bis-, la brecha salarial entre los sexos varia según
se trate del trabajo por cuenta propia o como asalariado/a, según
los sectores sociales, el nivel educativo y la calificación
profesional (ver Diferencias
salariales)
A su vez, la mejor posición del hombre fuera del hogar
se traslada como una posición de comando dentro del mismo.
Como señala, Lo Vuolo y otros (ver Bibliografia)
"no se trata solo de la cantidad de dinero sino también
de la consideración social que se deriva del mismo. El
ingreso de la mujer siempre es considerado como complementario
aun cuando la familia no pueda sobrevivir sin este ingreso o que
este sea mayor que el del hombre. En general el ingreso femenino
es considerado como temporario y justificado por causas extraordinarias.
Puede decirse que existe una relación dialéctica
entre las responsabilidades de la mujer dentro de la familia y
su necesidad de participación en el mercado de trabajo,
que asegura la configuración de esta imagen de "ejercito
de reserva" o de trabajadoras secundarias, a la vez que garantiza
la posibilidad de ser devueltas a la esfera primaria del hogar,
cada vez que no se las necesite en el mercado laboral".
Otro dato que caracteriza al trabajo femenino, es que en su mayoría
se produce dentro de los sectores informales de la economía,
como las tareas domésticas, circunstancia que puede vincularse
con el importante incremento del trabajo "en negro"
(Ver Trabajo
doméstico-Precarización laboral)
La progresiva crisis económica de finales de los años
70, hizo que muchas mujeres pasaran a ser el principal sustento
económico de sus hogares (jefas de hogar), lo cual denota
un cambio en las condiciones tradicionales de nuestra sociedad.
Cabe destacar, sin embargo, que este aumento en la actividad laboral
femenina, no debe entenderse como un aumento de las posibilidades
de puestos de trabajo, sino como producto del deterioro de la
situación de empleo para ambos sexos.
También debe considerarse la forma, en que las fuentes
de información y los criterios de elaboración de
los indicadores condicionan los resultados.(Ver Conciliación
con la vida familiar)
Todas estas condiciones de inequidad social por las que atraviesa
la mujer, tiene su inevitable repercusión en el campo de
desarrollo y las perspectivas de integración laboral de
las mismas.
La preocupación por superar las desigualdades entre los
géneros, ha ido adquiriendo un fuerte impulso en el mundo.
Es notorio, que las mujeres de Argentina han experimentado importantes
transformaciones que se reflejan en el aumento de la esperanza
de vida y en el mejoramiento general de los indicadores de salud,
en la reducción del numero promedio de hijos, en mejoras
en el acceso a mejores niveles de educación, en su mayor
participación y permanencia en el mercado laboral.
Sin embargo, actualmente persisten inequidades respectivas al
genero que se expresan en la no correspondencia entre los logros
educativos alcanzados por las mujeres y la calidad de su inserción
en el mercado de trabajo, tanto en relación a su calidad
ocupacional y nivel de salarios como en el acceso a puestos de
conducción y a sectores de actividad tradicionalmente masculinos.
A esto, se agrega que para la mayoría de las mujeres la
actividad laboral se prolonga en el ámbito doméstico,
traduciéndose en el cumplimiento de la denominada "doble
jornada de trabajo"
Mucho más visibles son las diferencias respecto al acceso
a espacios de poder: las posibilidades de las mujeres de acceder
a cargos públicos de alta jeraquía dista notablemente
de alcanzar la paridad con los varones
Todavía la imagen del género remite -preponderantemente-
a la valorización del rol reproductivo, a la transmisión
de valores en la vida doméstica y a la prolongación
de estos roles en la esfera publica, reconociendo la alta capacidad
educativa, de prestación de servicios sociales y de salud
de las mujeres y, en general, su aporte a la mejora educativa
del conjunto de la sociedad. Las funciones de producción,
la integración plena a las actividades económicas,
la obligación preponderante de trabajar y ser principal
sostén de la familia, la actividad política, el
desempeño de cargos directivos y el ejercicio del poder
continúan siendo constitutivos del imaginario referido
a la masculinidad.